El coleccionista de Millos

En una casa ubicada en la localidad de Los mártires, en el sur oriente de Bogotá , vive Miguel Leonardo Sánchez, “el coleccionista de Millos”, quien ostenta la colección más grande de artículos del equipo de fútbol capitalino y espera ganar un récord Guinness para dar a conocer este tesoro futbolero.

Texto y fotos por Mariana Parada

Tiene 914 camisetas y sacos del equipo y espera obtener el récord Guinness por la mayor colección del mundo de camisetas de un mismo equipo de fútbol.

Cuando Miguel Sánchez Leonardo sonríe, lo hace con la mirada. Los ojos le brillan al hablar de la camiseta azul celeste usada por Raúl Pini entre 1951 y 1952, la época dorada de Millonarios, cuándo fue catalogado como el mejor club del mundo por jugadores como Di Stefano o Pedernera, cuando el albiazul goleó al Real Madrid.

Ese tesoro azul reposa allí, atrapado en un cristal y un marco gigante, que cuelga en la parte trasera de la estancia, en un rincón de su casa. Adquirió esta reliquia del fútbol en una subasta —como ha adquirido la mayoría de los artículos de su colección— por la ‘modesta’ suma de 11 millones de pesos, en mayo de 2020.

Leonardo, comerciante de artículos religiosos y chinos, trabaja en el centro de Bogotá desde hace 25 años. También le gusta recopilar videojuegos y carritos a escala, aunque no más que lo que disfruta coleccionar artículos de Millonarios. Cuando llega a su casa, todas las noches, visita su museo y mientras me cuenta esa rutina, Leo se siente liviano, cómodo. Da la impresión de que se está refiriendo a un refugio.

Y es que esta pasión ha sido para él más que un pasatiempo o una afición. Durante los primeros meses de la pandemia, Leonardo tuvo la idea de rifar algunos de los artículos repetidos de su colección para recolectar el dinero y apoyar a familiar de escasos recursos. La primera vez rifó una camiseta, unas medallas, un libro y un balón, Con los caso 6 millones que recolectó le dio apoyo a 100 familias y continuo con esta iniciativa de la mano de grupos de aficionados de Millos, con los que ha realizado colaboraciones mediante redes sociales para dar a conocer los sorteos.

Arriba: Colecciona otros artículos, como botellas, invitaciones, medallas, balones, cartas y fotografías.
Abajo: La mayoría de artículos coleccionados han sido adquiridos en subastas.

El reloj marca las 6:45 de la tarde y Leonardo está esperando en la reja del patio frontal de su casa, ubicada en la localidad de Los Mártires, en el suroriente de Bogotá. Lleva puesta una chaqueta azul de Millonarios. Una de las muchas que colecciona. Su casa es de las antiguas, y adentro está decorada con las clásicas porcelanas Capo Di Monti de ángeles y ancianos

Junto a la entrada, en la sala, un televisor muestra el marcador 1-0 del partido de Colombia contra Venezuela. Para este momento ya se habla de la eliminación de la selección colombia para el Mundial Qatar 2022. A Leo no le importa mucho, hace un comentario sobre eso y sigue caminando por un corredor que lleva a la cocina.

Al fondo hay una puerta de madera que parece la entrada de una despensa. No lo es: Es la entrada a la habitación que guarda la colección más grande de artículos del equipo embajador.

Este es -dice-, con una sencillez que habla por él.

«El coleccionista de Millos», como dice su tapete verde con el diseño de una cancha de fútbol, tiene, además las camisetas, un sin fin de artículos de Millonarios. Cerca de 3.000 fotos de jugadores y de encuentros deportivos, algunas conservadas en álbumes y otras exhibidas en las repisas: 70 balones, muchos de ellos firmados; 28 medallas de Millonarios que para Leo no se parecen al de ahora, porque «no se entregan por la camiseta y ahora cualquiera puede ser de Millonarios» y 35 placas que brillan en el costado derecho del «pequeño museo», como le gusta llamarlo.

—Cuando Nacional felicitaba a Papá —me dice Leonardo con un gesto de burla, mientras sostiene una bandeja de plata grabada con la leyenda de un torneo de 1979, haciendo referencia a la victoria del albiazul frente al equipo paisa.

Junto a su máquina arcade de Pac Man personalizada con el escudo de Millonarios – por supuesto- , tiene todo tipo de recordatorios : pocillos, libros, sombreros, gorras, pines, revistas, banderines, latas de cerveza y bJunto a su máquina arcade de Pac Man personalizada con el escudo de Millonarios —por supuesto—, tiene todo tipo de recordatorios: pocillos, libros, sombreros, gorras, pines, revistas, banderines, latas de cerveza y botellas de aguardiente con ediciones limitadas conmemorativas del equipo.

Cuando le pregunto si la invitación a las bodas de plata del equipo azul —que se sostiene sobre el estuche de una medalla— la obtuvo en una subasta, asiente

con la cabeza y parece recordar algo de golpe. Entonces se sienta en el piso como un niño con sus canicas y me enseña una colección de boletas que ha conseguido en subastas por internet. Luego recuerda con entusiasmo la colección de periódicos que conserva entre bolsas herméticas y acetatos.

Arriba: Las placas son parte fundamental de la historia que cuenta la colección
Abajo: Millonarios es el nombre con el cual fue rebautizado el equipo deportivo municipal

Revisando los archivos de prensa, encuentra un artículo titulado «De municipalistas a Millonarios». Del periódico EL TIEMPO en 1939. Millonarios todavía se llamaba Deportivo Municipal y jugaba de blanco y negro. Pero para esa época hubo una revuelta en Argentina porque a los jugadores no se les pagaba el salario, así que muchos de ellos empezaron a migrar hacia nuevos clubes, como el Municipal. Entonces Luis Camacho Montoya, cronista deportivo del momento declaró que los municipalistas eran «Millonarios», pues en su palabras «los argentinos son muy exigentes» y, asegurando que iban a cobrar mucho dinero, ironizó la situación escribiendo en su columna «los Municipalistas son ahora Millonarios» .

El chistecito le causó algo más que gracia a don Alfonso Senior fundador del entonces Deportivo Municipal y decidió, junto con los directivos, rebautizar el equipo con el nombre de «Los Millonarios» el 13 de agosto de 1939 aunque su registro oficial es del 18 de junio de 1946.

En medio de postales y recortes de prensa Leonardo habla de su ídolo, Arnoldo Iguarán, conocido como «El guajiro», y de su admiración por jugadores como él, «a los que de verdad les importaba Millonarios» .

Leo es un hombre de pocas palabras, pero le encanta hablar de Millonarios. Se lleva las manos a la cara cada vez que recuerda una victoria del equipo de sus amores y habla con cariño de sus épocas en los Comandos Azules

-En ese tiempo las barras de Millonarios eran sanas, no se mataban entre hinchadas y uno pertenecía por amor al equipo -cuenta mientras mira fijamente la placa otorgada en Miami al azul en la copa Marlboro del 88- pero eso ahora es puro negocio, ya no es por amor al fútbo.

—¿Y por qué se salió de los Comandos?

Arriba: Leonardo compró la camiseta de Raúl Pini en una subasta y es el artículo mejor valorado de su colección
Abajo: Invitación a las bodas de plata de millonarios.

—Por un man que me quería buscar problema porque la novia me estaba echando el ojo —dice, como quien no quiere la cosa.

En el museo tiene un proyector para ver los partidos, que casi siempre ve solo, aunque a veces deja que su papá lo acompañe. Aquí según dice se relaja y se olvida de los problemas. Es un hincha un tanto melancólico, le gusta recordar las hazañas del millonarios de la época dorada, del que se enamoró más o menos a los siete años en un partido contra el Deportivo Cali que fue a ver al Campín con sus hermanos y su papá en el 87 o el 88, no recuerda exactamente.

– Mi familia se divide entre hinchas del Millonarios y Santa Fe. A mí me tocó el buen gusto, -dice con una seriedad que me hace dudar si es un chiste o no- .

Habla de sus camiseta Comcel y Saeta, dice que su equipo tiene una larga historia y que fue catalogado por los especialistas y prensa como el mejor equipo del mundo. Haciendo referencia a esos tiempos recita una frase como aprendida de memoria y con una melancolía que se transforma en orgullo: «Siendo referente en los años 50 como El ballet Azul».

– Mi primera camiseta me la compré en el 99 con mi primer sueldo- me cuenta el coleccionista, mientras mira su camisa tipo polo azul que enseña, en letras grandes, el nombre de una marca de cerveza que ya no existe.

En ese año Millonarios obtuvo su mayor invicto: 29 fechas. Leonardo sigue sacando del montón de camisetas algunas que no son reliquias, sino el recuerdo de dos de las alegrías más recientes que el albiazul le dio a su hinchada. Por ejemplo, las que se usaron en 2012, cuando el equipo ganó su estrella 14 tras 24 años sin coronarse como campeón y, cómo no, las de la estrella 15, cuando los embajadores le ganaron a su eterno rival de patio, el Independiente Santa Fe, con un “golazo” —como dice Leonardo— de Henry Rojas en el minuto 85. De este último triunfo tiene, además, uno de los balones con los que se jugó la final, firmado por Rojas y la medalla otorgada por el triunfo.

Actualmente tiene 70 balones

Terminado el recorrido, con toda la fascinación que puede sentir alguien que no ha experimentado en carne propia la pasión del fútbol y viendo a un hombre que se siente salvado por un equipo, Leo me dice que su amor por Millonarios se ve reflejado más que en su colección, en su lealtad por los colores de la camiseta y no por los clásicos y títulos:

-Yo nací cuando Millonarios ya tenía 11 títulos. Mi amor es de pertenencia, de sentido propio por mi equipo.

Y le brillan los ojos pare decir que lo mejor que ha vivido es estar en el estadio, ver un gol del Embajador, celebrarlo «a rabiar». Habla rápido se exalta y no encuentra palabras adecuadas -o suficientes- para explicarme el sentimiento que le produce su amor más grande.

Leonardo sabe la historia y el papel que ocupa cada objeto del museo, dice que es importante que el mismo pueda contar como lo adquirió para transmitir y resinificar la historia que cuentan; allí esta el encanto de su tesoro más preciado.

Visto de frente y junto a la estantería que ha adornado con detalles en cada milímetro, Leonardo Sánchez parece pequeño, tal vez por lo imponente de todas sus pertenecías juntas. Habla del sueño de poder ponerlas en un museo de verdad y del apoyo que necesita para lograrlo; luego, esa ilusión se transforma en algo parecido a la frustración y con un dejo de disgusto dice que alguien debe recordarles a los jugadores y directivos del equipo que a Millonarios hay que valorarlo como ese que alguna vez fue catalogado como «el mejor del mundo».

Pero mientras eso ocurre y logra abrir su museo Leo, «El coleccionista de Millos» sigue visitando los recuerdos de su amor cada noche, en ese cuarto al fondo de la cocina. Un lugar que, con una extraña fascinación alberga toda la historia de Millonarios.

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Es un proyecto de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, dedicado al periodismo digital, la producción audiovisual y las narrativas interactivas y transmedia