[Fotoperiodismo] Colombia: La estación de las flores

Daniel Bello // [email protected]

Colombia es uno de los países con más diversidad en especies de flora. Por esta razón, se ha posicionado como uno de los productores más grandes del mundo. Directo Bogotá hizo un fotoreportaje sobre un punto clave en la venta de flores de la ciudad: la calle 67 con Avenida Caracas.

FOTO: La estación de las flores en Bogotá. Tomada por Daniel Bello.

Las ocasiones especiales, merecen detalles; los lugares vacíos, un poco de color que los llene; los sentimientos, un medio para ser expresados. Por esta razón, las flores aparecieron como la respuesta para cada una de esas necesidades y son, sin lugar a duda, uno de los regalos por excelencia en fechas importantes.

En Colombia las flores representan también un estimulador de la economía nacional, siendo países como Estados Unidos, Japón, Canadá y Países Bajos los principales compradores. De acuerdo con el DANE, el año pasado este negocio significó el ingreso de cerca de mil millones de dólares. Recientemente, más países asiáticos, como Corea del Sur, China, Singapur, Omán y Baréin, entre otros, han elegido a Colombia como su proveedor de estas plantas, por lo que el mercado se puede seguir expandiendo.


Colombia es un país con muchos recursos; la diversidad de pisos térmicos y la presencia de reservas de agua permiten que diariamente muchas flores nazcan, crezcan y salgan a recorrer el mundo. Sin embargo, no basta con tener los medios sino también con la técnica. Los cultivos de flores deben tener ciertas condiciones para poder operar correctamente y cada día las empresas trabajan para perfeccionar sus procesos.

FOTO: Cultivos de flores. Tomada por Daniel Bello.

En su metodología no puede faltar la constante revisión de los sistemas de riego, la garantización de condiciones laborales apropiadas y el cumplimiento en la producción para poder así estar certificado y tener licencia para exportar. Ya en materia de flores, su crecimiento puede ser asemejado con el nacimiento de un niño hasta llegar a la adultez.

Toda flor empieza en las planta madre, ella son quienes dan las semillas. Estas plantas generalmente están en otros países, generalmente Holanda. Allí son sembradas y durante sus primeros días reciben todo el cuidado que cualquier planta necesita: luz, agua y abono. Tal como sucede con cualquier bebé, los cultivos están bajo constante vigilancia para ver si crece con normalidad o si tiene alguna enfermedad.

FOTO: Cultivos de flores. Tomada por Daniel Bello.

Una vez terminan las primeras semanas, cada flor es revisada nuevamente: su altura, la dureza del tallo, el estado del capullo y, si pasan esa importante prueba, estarán en camino a ser empacadas. De lo contrario, pasarán a ser compostaje. Es impresionante ver la cantidad de flores que son rechazadas. Este proceso es difícil, pues requiere de una observación minuciosa y varios filtros que determinan si se es o no apto.

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Semanas más tarde, las flores ya adolescentes, reciben cuidados para que su camino no se desvíe (literalmente). El color es importante, un color vivo debe estar en el tallo y cuando llega a cierta altura (2 metros en el caso de las rosas), es cuando toca cortar. Es entonces, junto con otra minuciosa inspección, que son seleccionadas y empacadas para conocer distintos rincones del mundo

En Colombia, uno de los 19 países megadiversos en flora del mundo, distintos ecosistemas y un gran porcentaje de tierra cultivable facilitan su presencia entre los pesos pesados de este negocio. Otro plus del país es la calidad del producto, todo debido a las constantes revisiones en distintas etapas del proceso. Su rigurosidad, aunque criticable desde ojos no expertos, permite dilucidar una exigencia para posicionarse dentro del mercado internacional.

Sin embargo, esta historia colorida tiene unos matices un tanto oscuros. Los cultivos, aunque cuenten con todos los certificados habidos y por haber, no pueden escapar del impacto ecológico fuertísimo que generan. Por decir algo, cada día, miles de galones son destinados a regar las flores en cultivos tan grandes como el casco urbano de un municipio pequeño.

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En ocasiones especiales, el gasto es lógicamente mayor: el día de las madres o San Valentín, representan una mayor demanda laboral, mejor rentabilidad económica y una mayor demanda a un sector que aporta muchísimo para el PIB nacional.

Indistintamente de lo que puedan representar, recibir una flor (o darla), traduce una emoción, un afecto, un entramado de relaciones que desencadena en un detalle convenido socialmente como el detalle perfecto para traducir amor. Las flores son la representación de la belleza colorida de la naturaleza y pese a que ellas se marchiten, el mercado las seguirá solicitando en un proceso que cada vez más se fortalece en nuestro país.

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