“Los que no hagamos la transición vamos a desaparecer”: María Jimena Duzán

Por: Laura Duarte // Revista impresa
Fotos: Cortesía María Jimena Duzán

María Jimena Duzán ha trabajado en los principales medios del país durante los últimos 40 años. Recientemente renunció a Semana, luego de que algunos cambios en la línea editorial y diferencias con los propietarios motivaran la salida de varios periodistas de la revista. Hoy hace su trabajo desde lo digital y usa YouTube para hacer lo que sabe: periodismo responsable, claro e investigativo.

Imagen promocional con la que María Jimena lanzó su canal de YouTube

Se crio en medio de la tinta del periódico. Ahora trabaja entre los likes, las tendencias y los comentarios en las redes sociales. María Jimena Duzán ha vivido casi todas las etapas del periodismo en Colombia, desde las publicaciones impresas hasta la televisión y lo digital. También pasó por los momentos más duros de censura y violencia. Desarrolló su habilidad periodística en los pasillos de El Espectador, junto a Guillermo Cano, en medio del terror del narcotráfico de los años ochenta y del conflicto entre guerrillas, paramilitares y Fuerza Pública. Por esto ha dedicado su trabajo a denunciar las redes criminales y la corrupción en Colombia, a pesar de la intimidación y las amenazas.

Ella recuerda que cuando era pequeña su padre y también periodista, Lucio Duzán, las llevaba todos los sábados a ella y a su hermana Silvia a las instalaciones de El Espectador para entregar el editorial. Ese mundo las conquistó a ambas, quienes dedicaron su vida al periodismo. En 1990, Silvia Duzán fue víctima de la violencia paramilitar en la tercera masacre de Cimitarra (Santander) mientras rodaba un documental sobre la población campesina de la región. María Jimena recuerda que a su casa siempre llegaban periodistas, ministros, exministros, presidentes y expresidentes que se reunían con su padre y llevaban debates de todos los colores políticos.

Por todo esto, parece curioso que una mujer que dedicó casi toda su vida a los medios impresos —empezó desde los 16 años, cuando Guillermo Cano le publicó, para su sorpresa, una semblanza sobre su padre recién fallecido, abriendo así su espacio como columnista—, hoy sea una de las twitteras más seguidas en Colombia y tenga, tras solo unos meses de actividad, 248 000 suscriptores en su canal de YouTube: María Jimena Duzán En Vivo.

No obstante, su transición había comenzado hacía algún tiempo, incluso mientras estaba en los medios tradicionales, con investigaciones como Mafialand, en la que cuestiona la relación entre el poder político, el narcotráfico y otros grupos criminales. Lo hizo también con el programa Semana En Vivo, que pasó de la televisión, en Cablenoticias, al canal digital de Semana.

En el 2021, luego de renunciar a la revista Semana y a su columna de opinión, abrió su canal con el objetivo de continuar sus investigaciones y conversaciones sobre un mismo tema desde distintos puntos de vista. El canal se estrenó con una investigación sobre las coimas a magistrados mientras Luis Gustavo Moreno fue fiscal anticorrupción; asimismo, en el espacio ya han intervenido varios políticos y académicos, como se hacía en el programa en Semana.

Con todo esto, María Jimena quiere demostrar que es posible hacer buen periodismo desde lo digital, sin la necesidad de comprar clics y sin volverse ella el personaje principal. No se considera youtuber, porque para ella estos hacen todo un show alrededor de sí mismos. Lo que María Jimena hace es periodismo y está convencida de que si este no transita a lo digital, va a desaparecer.

María Jimena para el primer video promocional de su canal

DB: ¿Cuál es su visión del periodismo hoy día?

María Jimena Duzán [M. J. D.]: El periodismo se está acabando porque los medios han terminado en manos de los dueños del país; es decir, de los más ricos de Colombia. Y los más ricos no tienen ninguna sensibilidad frente a lo que significa ser o hacer medios que escrutan el poder, porque el poder es de ellos. Los ricos de acá son muy mezquinos y piensan muy poco; solo piensan en sus beneficios. Y eso es una tristeza. El problema no es que uno sea rico, sino que piense en mantener solo sus propios privilegios, y eso es lo que ha pasado con los dueños de los medios en Colombia.

Eso va acompañado también de una crisis del modelo económico de los medios tradicionales, que ha hecho que dependan cada vez más de las pautas publicitarias de los gobiernos de turno. Entonces, los periodistas como yo nos volvimos insostenibles, problemáticos y complicados para los medios, porque obviamente el poder de turno condiciona la entrega de esos dineros a esos ricos que quieren tener más plata cada día. Entonces, en vez de que nosotros sigamos diciendo cosas, prefieren la censura y fomentar una autocensura.

DB: ¿Cuál es ese tipo de periodismo insostenible que usted practica?

M. J. D.: Uno de los peligros que está enfrentando la democracia colombiana es que se están agotando los espacios para hacer periodismo de manera independiente, que es como siempre se debe hacer. Me da risa que me toque hacer énfasis en que yo hago periodismo independiente, y no: yo hago periodismo. Es que el periodismo siempre es independiente de los poderes para poder escrutarlos, ese es el deber ser del periodista. No es justificar y hacer propaganda al gobierno, para eso están las agencias de publicidad. El periodismo debe investigar, y no debe ser como es ahora: que se denuncia algo y no se sigue. El periodista sigue la historia, y para algunos eso significa que uno es obsesivo, que uno está loco y que solo escribe sobre una cosa. ¡No sean pendejos! Es que así es como se hace periodismo.

DB: Luego de salir de Semana, usted empezó su canal de YouTube con el lema “No nos callarán”. ¿A qué se refiere con eso?

M. J. D.: Inicié en este proyecto con el lema “No nos callarán”, porque me parece que al periodismo lo están callando en los medios en Colombia por esa serie de variables que se juntaron. De hecho, los periodistas más importantes, los que siempre han ejercido el periodismo en los medios tradicionales, ya no están ahí, empezando por Daniel Coronell. Es increíble que nadie haya recogido a Daniel Coronell en ningún otro medio. ¿Por qué? Que porque es problemático, que porque es muy antiuribista, que porque causa problemas. Es increíble la percepción que hay.

En el caso mío, renuncié porque ya era una situación insostenible. Había una decisión de hacer otro proyecto periodístico en el cual yo no cabía y el problema no es solo Semana, son todos los medios. Hay un problema estructural de los medios de comunicación.

DB: ¿En qué momentos “no callar” le costó su integridad?

M. J. D.: Yo tuve unas discusiones muy fuertes en las investigaciones que hice sobre Odebrecht; también me he enfrentado a Luis Carlos Sarmiento y a Néstor Humberto Martínez, que ha intentado callarme por todas partes con recursos jurídicos, y esa es la nueva manera en la que callan los poderosos a los periodistas, porque es difícil meter plata en abogados. Es una manera de coartar y de asustar al medio en el que uno trabaja, por lo que terminan por presionarlo a uno para que no siga escribiendo sobre eso.

DB: Trabajó durante mucho tiempo en el papel y en los medios tradicionales, pero hizo un tránsito hacia lo digital en los últimos años… ¿Qué descubrió en este cambio?

M. J. D.: Yo venía haciendo un trabajo digital desde los medios tradicionales: me había especializado en hacer videos. Pero cuando salí de Semana, vi que el mundo de lo tradicional se acabó. Considero que estamos en una transición y que los que no hagamos la transición vamos a desaparecer. El periodismo no puede desaparecer, pero tampoco puede ser como el youtuber, que hace de su propia imagen su mercado. Uno puede trasladar ese know how del periodismo a YouTube. De hecho, eso es lo que estoy haciendo ahora, porque creo que es el único camino que nos puede llevar a que el periodismo no se muera.

Por eso estoy en esto. La gente dice que estoy loca, que me estoy suicidando, que estoy acabada y que los medios no me quieren. Yo les digo: “Afortunadamente no me quieren, porque yo tampoco los quiero”. No quiero trabajar con ellos, ya no tengo nada que decir ahí. Quiero decir muchas cosas, pero creo que toca decirlas por fuera de los medios. Lo que pasa es que aquí hay una cultura cada vez más antidemocrática y muy intolerante, donde casi todos los periodistas como nosotros no tienen un espacio.

En las redes, paradójicamente, no es así. La información en redes puede manipularse, puede comprarse; los clics se pueden comprar, pero uno también puede tener la idoneidad de hacer periodismo ético y utilizar las redes para informar bien. Eso estoy haciendo yo sin comprar clics.

Entrevista a Claudia López sobre la pandemia. El video se puede encontrar en su canal con el nombre “Claudia López: ‘2021 no es el año en que la vacuna nos va a salvar del contagio’”

DB: Usted menciona que cada día hay en Colombia una cultura más antidemocrática. ¿Cuáles elementos no permiten la democracia en el país?

M. J. D.: Primero, nuestra democracia no es una democracia; solamente lo es de manera formal. Dario Echandía la definió como “un orangután con sacoleva”. Nuestro régimen es una democracia maquillada, y eso siempre ha sido así: esa es la eterna discusión colombiana. Aparentemente somos democráticos, pero por dentro somos realmente un monstruo. Por eso se necesita un periodismo independiente, porque los que hacemos periodismo vemos al orangután y los que hacen propaganda a favor del poder solo ven el sacoleva.

DB: ¿Cuál es el límite entre ser periodista y ser opinador o activista en redes?

M. J. D.: Yo soy opinadora desde siempre, pero lo que hice fue todo lo contrario (¡de pronto me estoy volviendo loca!): dejé de escribir mi columna porque estoy cansada de escribir la columna siempre; creo que eso ya se agotó y que la gente se “mama” de los youtubers que hablan solo de ellos y de ellos. Lo que he hecho en mi canal es hacer investigación, es precisamente hacer proyectos on demand, pero de investigación, y les ha ido divinamente. También manejo mi programa tradicional de varias visiones de un mismo tema, y también le ha ido divinamente. Lo he hecho sin Semana, que era un “músculo” muy importante, y tengo casi que más gente.

Hay cosas que se dicen y que son falsas, como que a la gente en redes no le gusta la investigación o el debate o que a todos les gusta solo opinar duro y decir groserías y pendejadas volviéndose su propia marca. Yo creo que hay espacio para todo eso, y no hablo mal de los youtubers, pero yo hago un periodismo que no encaja dentro del tradicional youtuber. De pronto me estoy volviendo medio pendeja, pero la verdad no creo en eso; no lo sé hacer y no me interesa. Tampoco siento que esté equivocada y sé que se pueden hacer las cosas, que se puede hacer periodismo y que hay personas que lo agradecen.

DB: Mafialand es una de sus investigaciones más importantes. ¿Qué le espera al proyecto ahora, fuera de Semana?

M. J. D: Primero, estoy investigando, haciendo la historia y tratando de hacer nuevos episodios, pero para eso estoy buscando financiación, porque ahora estoy sola. Eso sí, va a haber Mafialand.

DB: Ha mencionado varias veces en sus videos que está “mamada”. ¿De qué está “mamada” en Colombia?

M. J. D.: De que los corruptos lleguen a ser presidentes. Me tiene “mamada” que los corruptos se salgan con la suya, porque controlan todo, desde las regiones hasta el resto del país. Controlan los poderes públicos, políticos y económicos, y están poniendo alcaldes, contralores, y gobernadores. Una sociedad que elige a los que no son es una sociedad que está condenada a su suerte.

Durante esta entrevista, María Jimena se movilizaba hacia un encuentro sobre el proyecto de Mafialand

DB: Usted ha vivido casi todas las etapas del periodismo en Colombia, y una constante en el trabajo periodístico siempre han sido la violencia y la censura. ¿Cómo se manifiesta ahora la censura?

M. J. D.: Antes nos mataba Pablo Escobar; hoy nos mandan abogados de la mafia a demandarnos y a denunciarnos. También nos mandan abogados de personas que están en el poder a tratar de acabar con lo único tenemos, que es la honra. Incluso aún nos matan, porque también hay amenazas. Lo que pasa es que antes era más directo, con balas, ahora se ha sofisticado la manera como nos tratan de intimidar. El Estado nos chuza y los abogados de los señores funcionarios, cuestionados por las investigaciones, nos demandan penal y civilmente. De esa manera terminamos enfrentados a las grandes mafias, en una pelea como la de David y Goliat, con un establecimiento que considera cada vez más incómodos a los periodistas que hacen ese tipo de trabajo.

DB: La FLIP publicó un estudio reciente en el que se evidencian las condiciones insuficientes para que la mujer ejerza el periodismo. ¿Usted qué piensa de la situación de la mujer en la prensa?

M. J. D.: Creo que es hora de que las mujeres digamos lo que nos falta por decir, por proponer y por plantear. Estamos algo rezagadas, pero también creo que hay un problema muy serio, y es que a veces las mujeres somos las reproductoras de toda la estructura patriarcal, casi más que los hombres, y si uno quiere cambiar las cosas, tiene que cambiar primero en la mente y debe tener claro que hay que cambiar esas estructuras para no reproducirlas. Muchas mujeres en los medios de comunicación son más machistas que los mismos hombres.

DB: ¿Cuáles son los riesgos de ejercer el periodismo en lo digital?

M. J. D.: No veo ninguno. Al contrario, si se queda donde está, se acaba. Lo que pasa es que el periodismo tiene que mutar bien para que llegue a ser realmente periodismo. Es decir, independiente e investigativo y que no llegue a ser simplemente un ejercicio de youtuber.

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