[Opinión] Opinitis aguda

A propósito de la pandemia causada por el Covid-19 y la cuarentena que han adoptado casi todos los países del mundo, Alejandra Bernal hace una reflexión en torno a las opiniones realmente útiles a tener en cuenta para sortear la coyuntura del virus.

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Uno de los males más notorios de las redes sociales es el de la ilusión de conocimiento. Como cualquiera puede opinar, todos opinamos. No importa si es un partido de fútbol o un descubrimiento de física nuclear, no importa si somos expertos profesionales en el tema o apenas leímos medio titular, no importa si lo que decimos es producto de un análisis riguroso o de un impulso inmediato e irracional. Todos parecemos tener la verdad. Rematamos con una burbuja de opinión calculada por el algoritmo y la facilidad de llamar detractor a cualquiera que piense lo contrario.

Ante el coronavirus y la cuarentena, parece que todos creemos saber qué es lo mejor en materia de economía, salubridad, política y protocolos. ¿Para qué escuchar a la OMS, atender lo que digan los científicos, buscar modelos económicos justos que nos mantengan a flote, acudir a expertos que llevan construyendo conocimiento durante años? ¿Para qué, si es más fácil declarar lo que a cada uno le convenga más, atendiendo a nuestros propios sesgos y creencias?

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Las decisiones que deben tomar los políticos no son fáciles, ni ahora, ni nunca. Para la posible prolongación de la cuarentena hay muchas cosas que sopesar: la capacidad del sistema de salud, el delicado equilibrio de la economía, las banderas rojas colgadas en las ventanas de los barrios obreros, la tasa de contagio, las características poblacionales de cada región, el impacto en cada comunidad, la obediencia de la gente. No hay soluciones simples, ni que satisfagan a todos. Pero es momento de actuar con cautela y atender lo que digan los expertos, no de darle gusto a intereses particulares.

Si cada quien decide con base en lo que más le convenga, si cada quien hace lo que le dé la gana, nos pasará lo mismo que a Estados Unidos, que ya acumula más de un tercio del total de contagios mundiales. ¿Salir o no salir? ¿Y cuándo? Los únicos que pueden responder a esa pregunta son epidemiólogos, economistas y sociólogos que estudien conjuntamente todos los escenarios posibles y lleguen a conclusiones basadas en el conocimiento compartido y contrastado. No le preguntemos al Presidente, ni a la constructora, ni al obrero, ni a una columnista. ¡Preguntémosle al que sabe!

Más opiniones de pandemia en: Pensamientos en el encierro

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