No es naranja, es supervivencia

Ana Lucía Ñustes // [email protected]

Entre pinceles y lienzos. Así viven los pintores de los avisos de la tienda de la esquina o de las tablas de la ruta de bus. Su historia, llena de color y alegría, es una que parece coincidir con el naranja de esa economía que las grandes industrias apoyan. La vida real, sin embargo, es algo distinta. Esta historia habla de la economía de supervivencia, de la del diario vivir, no la economía naranja , que tal parece solo aplica para un sector de la población

FOTO: Gonzalo Díaz, maestro de los murales más apetecidos.

Roxana Martínez, Esteban Ucrós y Juan Esteban Duque son los creadores de Popular de Lujo, la plataforma digital que cruza Sudamérica de norte a sur, propagando la gráfica popular, dándole rostro a sus autores y color a sus obras. La idea surge de la preocupación de un trío de diseñadores por el arte que invade la cotidianidad de las ciudades y cuyos autores parecen quedar a la sombra de sus obras.

Directo Bogotá (DB): ¿Cómo funciona Popular de Lujo?

Roxana Martínez (RM): Desde la época en la que comenzó el proyecto, hemos funcionado de la misma forma y con la idea de que nuestra actividad, de Popular de Lujo, se encuentre al margen de lo comercial, es decir, a parte de lo que hacemos para pagar las cuentas. Es un proyecto artístico, en el que los tres confiamos y del cual no nos beneficiamos económicamente, pero que se ha vuelto autosostenible con el tiempo.

Los primeros 5 años del proyecto nosotros pusimos plata de nuestro bolsillo para poder hacer lo que queríamos hacer y luego, cuando empezaron a aparecer las invitaciones en eventos de diseño o en eventos artísticos, empezamos a recaudar dinero con el que podíamos reinvertir en el proyecto. Buena parte de esos recursos se destinan a hacerles encargos a los pintores de avisos, sin tener una relación laboral formal con contrato. Sin embargo, sí existe una frecuencia en esos encargos que les permite a ellos como artistas, saber que cuentan con nosotros en la medida que podamos sostenerlo.

DB: ¿Hay otra fuente de ingresos para sostener Popular de Lujo?

RM: A parte de eso no. Por ejemplo, hemos participado en premios del Ministerio de Cultura y con los recursos que hemos recogido logramos sumarle fondos al proyecto y apoyar a los pintores en su labor. Una cosa de la que nos sentimos orgullos, y que gracias a los encargos para eventos artísticos internacionales pudimos lograr, fue ayudarle a uno de los pintores, Arnulfo Herrada, con la construcción de su casa. Arnulfo llevaba 40 años viviendo en un lote con una construcción muy precaria que él mismo hizo con material de desecho. Es muy difícil sostener el arte de una persona cuando esa persona ni siquiera logra tener las comodidades básicas con las que un ser humano podría vivir tranquilamente. Y eso quiere decir una casa con servicios públicos.

Así, lo que hicimos fue que con eso que habíamos podido recaudar en los últimos años, aportamos, junto con la Fundación Catalina Muñoz, a la construcción de una casa para el pintor Arnulfo Herrada, para darle unas condiciones de vida más dignas a esa persona que lleva de sus 70 años al menos 50, o 55 años, trabajando sin parar.

DB: ¿Cómo seleccionan a los artistas?

RM: No sé si podemos hablar tanto de una selección, porque creo que una selección supondría la posibilidad de visualizar la oferta de pintores y, a diferencia de lo que pasa en el diseño gráfico académico o de estudios de diseño, en el mundo de la gráfica popular no existe un directorio al cual uno pueda acceder para poder contactar pintores de avisos. Más que una selección, es sobretodo un trabajo de búsqueda muy intensa.

A Arnulfo, particularmente, lo encontramos hace 15 años recorriendo varios barrios de Bogotá en los que empezamos a ver con mucha frecuencia avisos y murales con su firma. Para esa época, no era usual tener un celular y lo que hicimos fue preguntar en cada local por la persona que hacía los avisos, pero no había mucha referencia, solamente que se trataba de un señor que iba de vez en cuando. Lo que decidimos hacer, fue dejar nuestros números telefónicos y esperar a que un día él volviera a pasar y se animará a llamarnos. Y eso pasó dos años después.

Nosotros nos hemos adaptado a las formas de relación y a entender esas redes de comunicación de la gráfica popular, que supone muchas veces estar al margen de una tecnología que uno considera tan básica como una llamada a celular o en Google encontrar el dato de alguien o inclusive en una biblioteca. Prácticamente todos los contactos que hemos logrado tener con los pintores de avisos a lo largo de estos años, se han dado por la curiosidad, por las caminatas largas, por la insistencia, por las diferentes estrategias que hemos implementado para poder llegar a ellos. Pero, sobretodo, lo que procuramos es que cada encuentro no se convierta solamente en la participación en un proyecto particular, sino que buscamos cultivar esas relaciones de confianza y amistad con ellos que perduren en el tiempo. Esas relaciones son un tesoro.

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DB: ¿Y qué pasa cuando son artistas de otros países? ¿Ahí cómo es la búsqueda?

RM: Algunas de las intervenciones que hemos hecho han tenido lugar en Argentina, en Brasil, en Chile, en México, en Venezuela, pero no necesariamente el fin de todas esas intervenciones ha sido la búsqueda o el rastreo de un pintor, sino que muchas veces viajamos a los lugares para mostrar algún proyecto particular en el que estemos trabajando y, sin quererlo, llegamos a ellos. Sin embargo, sí hay algunos casos, en los que hemos ido a otros países a trabajar específicamente con estos artistas. En Valparaíso, Chile, por ejemplo, trabajamos con 3 pintores en el marco de un evento de la Real Academia de la Lengua, cuando Valparaíso fue la sede. Ese evento fue el pretexto perfecto para rastrear el trabajo de algunas personas y logramos ponernos en contacto con dos de ello; Servio Vargas y Juan Bautista. Eso ya fue hace unos 10 años.

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DB: ¿Por qué sintieron la necesidad de crear una organización como Popular de Lujo?

RM: Nosotros nunca lo llamamos organización, porque no estamos constituidos de ninguna forma posible, más allá de ser tres amigos a los que les encanta hacer lo que hacen. Más bien lo llamaríamos proyecto.

Nosotros, en nuestra cotidianidad, estábamos permeados de otro tipo de artefactos visuales en el entorno de la calle. Salir a tomar algo en una tienda suponía reconocer el local a través del aviso o ir a la casa en una buseta suponía que uno tenía como interfaz una tabla de ruta de bus que le permitía identificar el servicio que le convenía. Y una serie de elementos con los que día a día convivimos en nuestra cotidianidad. Entonces en ese momento nos llamó mucho la atención la falta de ese conocimiento dentro de la formación que nosotros teníamos. Durante nuestra formación, en el pregrado, no se nos hablaba de ese universo visual de la calle y si se hablaba de esa esfera era para referirse al error o a lo que está fuera del canon; de lo que era la expectativa del diseño que nosotros estábamos aprendiendo y que debíamos producir. Y eso se volvió el punto de partida y ha sido la premisa siempre.

Desde el inicio y durante varios años nos enfocamos en los objetos visuales, en elaborar unos registros de todos nuestros recorridos en la ciudad tomando fotos de todo lo que encontrábamos, para desde ahí elaborar narraciones de lo que somos como bogotanos. Pero con el tiempo, entendimos que inclusive más importante que eso era entender la labor de las personas que lo producían.

DB: ¿Qué tipo de proyectos se generan en Popular de Lujo?

RM: Por un lado están las invitaciones que nos llegan de espacios culturales y por otro lado, las iniciativas que parten de nosotros mismos. Muchas de esas iniciativas, de un lado o del otro, se han convertido en proyectos expositivos. Uno de los más queridos por nosotros fue una exposición que se llamó Qué elegancia la de Francia. Fue una de las primeras exposiciones junto con otra que se llamó Ciudad Invisible. La primera nos dio una excusa para poder revisar la ciudad con otros ojos y entender el rastro que Francia había dejado en nuestro día a día a través de la grafía popular. Muchos de los proyectos se han convertido en material expositivo.

Buscamos, a través de esas exposiciones, la manera de vincular de una forma más dinámica a los pintores, entonces siempre proponemos actividades paralelas, donde ellos puedan tener presencia también. Esas actividades paralelas han sido desde conversatorios con los pintores y el público, hasta talleres donde ellos enseñan lo que hacen. Hace unos años hicimos unos talleres para la exposición Arte Ingenuo, una serie de talleres con Arnulfo Herrada que enseñó el arte del paisaje rural sobre todo, que es lo que evoca de su infancia. Y con Helber, que es un pintor que hace paisajes fantásticos, interplanetarios con aerógrafo.

La filosofía de Popular de Lujo ha sido siempre, no hablar desde un lugar lejano, no hablar sobre alguien solamente, sino trabajar con las personas en la medida de las posibilidades.

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DB: ¿Consideras que Popular de Lujo es economía naranja?

RM: Esto es economía de supervivencia. La economía naranja solo aplica para un sector de la población. Si pensamos en los pintores de avisos, estamos hablando de unas personas que pertenecen, particularmente, a los sectores más pobres de nuestra sociedad y eso tiene que ver directamente con una forma desigual al acceso de bienes culturales y de bienes económicos. Cuando estamos hablando de economía naranja en este nuevo gobierno, estamos hablando de un escenario en el que no todo el mundo tiene el mismo chance de participar.

Cuando se habla de industrias creativas, cuando se habla del fomento al arte, a la ciencia, a la creatividad, tal vez, se está dejando de lado la realidad, la realidad completa quiero decir, y en esa realidad caben personas que pueden estar muy al margen del sistema legal o administrativo, que no tienen ni siquiera los recursos con los cuales presentarse a una convocatoria. Me refiero a recursos desde la posibilidad de escribir un documento en los términos que se solicita o, muchas veces, ni siquiera tener los documentos requeridos para una actividad comercial, como el RUT, por ejemplo. A duras penas, algunas de estas personas tienen una cédula. A ellos no les consignan en una cuenta bancaria porque no la tienen, viven con el diario. Entonces yo creo que sí, se habla en términos muy ideales.

Lo que producen estos pintores de avisos es una materialidad visual que apoya la promoción de productos y servicios, pero dentro de una economía informal. No es solamente ella, pero la que se ve digamos como beneficiada del trabajo que ellos hacen, del comercio cotidiano. Cuando se habla de los millones que las industrias creativas o que los artistas y los creativos mueven en el país, yo me preguntaría qué porcentaje de esas cifras ocupan esas personas que mueven este tipo de economía. Digamos que sería un Naranja al 10% o al 5%, del que estamos hablando en este tipo de producción.

DB: Con todo esto, si tuvieras que definir el objeto de Popular de Lujo ¿qué dirías?

RM: Registrar y divulgar, a través del valor cultural de la gráfica popular, el trabajo de sus productores. Buscamos ponerle un spot de luz a la importancia que tiene el trabajo de los artistas callejeros. Tiene que ver con eso; con una revisión juiciosa y respetuosa de algo que nosotros admiramos profundamente y de poder divulgar ese valor.

Recientemente Popular de Lujo, en compañía de Relámpago, se encuentra trabajando en el proyecto Letras hechas a mano. Este proyecto apunta al reconocimiento de los artistas que se dedican a la tipografía y a que ellos mismos, se den cuenta de cómo hacen su trabajo. Talleres, conferencias e investigaciones hacen parte de este proyecto. Shago, es uno de los artistas que ahora se ha vuelto maestro.

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