Mélida y su búsqueda de un asentamiento afro en el Valle de Guamuez

Por Sophie Echappé Palomino

Mélida Arboleda, representante legal del Consejo Comunitario de Villa Arboleda, en Putumayo, exige junto con la comunidad la restitución y titulación de tierras de su vereda. A pesar de haber sido un largo proceso que empezó en 1999, la comunidad está cerca de recobrar las tierras bajo un título colectivo.

El Consejo Comunitario lleva aproximadamente siete años en el proceso de restitución de tierras. Foto:
Sophie Echappé Palomino.

Perteneciente al asentamiento afro, Mélida Arboleda lucha por el territorio para proveerle la seguridad de un título a las generaciones que vendrán. “La meta —dice— es dejar un buen legado para la generación venidera, a los niños que vienen creciendo”. Desde este proceso, espera construir, junto con el Consejo Comunitario Villa Arboleda, en el Valle del Guamuez, un espacio turístico y un malecón para construir una nueva historia en una región que ha visto demasiada violencia.

Los habitantes del territorio tuvieron que partir después de la represión y violencia que permaneció en el territorio: masacres o “fumigas”, como las denomina Mélida. La vereda se encuentra ubicada a 30 minutos del corregimiento de El Tigre, lugar donde el 9 de enero de 1999 ocurrió una masacre. Según el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica, ese día, unos 150 paramilitares del Bloque Sur Putumayo de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) asesinaron masivamente a hombres de la región. El poblado fue tildado de “guerrillero”, lo que propició desapariciones forzadas, violaciones a mujeres y quemas de casa y vehículos.

¿Cuáles han sido los obstáculos a los que se han enfrentado?

En el 2015 vino el presidente Juan Manuel Santos y nos dijo que la idea era que toda la vereda se titulara y que Gestión Nacional de Tierras nos ayudara con la adjudicación. Es decir, que todas las personas que se fueron en el tiempo de las «fumigas» o de las masacres que hubo en el departamento puedan volver, pues a raíz de eso, la mayoría de la población se fue.

Nosotros queríamos las tierras de las personas que se habían ido las adjudicaran al Consejo comunitario de Villa Arboleda para hacer un solo título colectivo. Entonces el presidente Santos dijo que nos iba a ayudar a titular toda la vereda, como 1.050 hectáreas. Nosotros llegamos en 1960. Las familias que llegaron antes compraron las tierras a los indígenas, y resulta que los indígenas, a última hora, dijeron que eso era tierra ancestral de ellos. Por lo tanto, no nos permitían que fuera un título colectivo. Decían que por qué a nosotros nos titulaban y a ellos no, si habían hecho la solicitud primero. Eso, sinceramente, nos desarmó. Entonces nos pusieron a voltear. Seguimos luchando para tener el territorio colectivo. Ya estamos a un pasito de titular la vereda, que es un asentamiento afro.

¿Dónde queda ubicada la vereda?

De El Tigre llegamos a La Hormiga, que es el casco urbano. De El Tigre a Villa Arboleda son 30 minutos bajando por el río en bote fluvial. Para bajar todo, toca por el río. Por ejemplo, ahorita el río está muy bajito y es un proceso para nosotros andar de acá para allá.

¿Cuáles son las principales problemáticas de la región?

El principal problema es que no tenemos vías de acceso, ni una línea de comercialización para los productos que ofrecemos. Es difícil sacarlos.

Aparte de la restitución y titulación de tierras, ¿cuáles han sido las problemáticas que se han trabajado desde la comunidad?

Estamos trabajando colectivamente, tenemos una finca que es del territorio colectivo. Trabajamos unidos. Ahorita estamos en un proyecto de piscicultura, haciendo unos lagos los peces. Queremos ver qué se puede hacer, si se pueden vender a la misma comunidad o a las veredas vecinas.

¿Cuándo decidió meterse en esta lucha por los derechos de la tierra?

Nosotros queríamos tener nuestro propio territorio colectivo. Después de todas las masacres, los grupos entraban como Pedro por su casa a atropellar a los jóvenes y personas. Por eso decidimos señalar el territorio para que haya un respeto y que no cojan a los jóvenes por ahí como un grupo más.

Antes éramos una organización, pero la representante legal se fue al Cauca y nos dejó. Entonces eso iba creciendo y nos tocaba declarar cada mes. Pero, con la situación económica en la que vivíamos, se encontró la solución de no declarar cada mes porque era muy difícil

la salida. Yo busqué ayuda de otros lados y me dijeron que lo mejor era organizarnos como Consejo comunitario. Ahí ya llegó la luz y se fue el calvario.

¿Cómo ha resistido a la violencia a través de este Consejo comunitario?

Gracias a Dios hemos resistido. Desde el 2015 empezamos a tener tranquilidad, a vivir y andar tranquilos. Nos cambió la vida.

¿Cuándo usted era niña imaginaba estar haciendo lo que hace?

Jamás en la vida. En mi crianza, a los 13 años, me fui a vivir a la ciudad de Cali. Regresé a Putumayo cuando tenía 28 años. Jamás pensé meterme en estos cuentos en los que estoy ahora. Ni en sueños.

¿Qué era lo que más soñaba ser?

Lo único que yo quería era vivir en Cali, tener una casa, un apartamento, que sé yo; vivir en la ciudad. Eso era mi pensar antes, haga de cuenta que cuando tenía mis 20 años. La ciudad mía siempre ha sido Cali, pero llegué al Putumayo y me quedé acá. Acá tengo marido, tres hijos y ya no me quiero ir de acá, estoy amañada.

¿Cómo este sueño, que en principio no lo era, le ha cambiado la vida?

Ahorita el sueño mío es tener un lugar turístico al lado Del Río porque tenemos una playa y un paisaje hermoso. La misión de ahora es tener un lugar turístico porque es un lugar hermosísimo. La meta es dejar un buen legado para la generación venidera, a los niños que vienen creciendo.

¿Cómo se sueña ese legado?

Dejarles un camino trazado para que no les toque tan difícil como a nosotros. Ellos, por ejemplo, ya saben dónde ir a tocar puertas o gestionar. Además, ya les queda un lugar turístico y muchas cosas. Estamos gestionando para hacer un Malecón o una vía. Que se les haga la vida más fácil a ellos. Estamos luchando por un proceso bien fortalecido.

Para leer las otras historias de nuestro especial ‘La lucha social en la tierra del jaguar’, sobre Putumayo, haz clic acá

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