“Yo les digo a los jóvenes que la lucha sí sirve”: Jennifer Pedraza

Por: Miguel Chavarro

En la tercera entrega de ‘#JóvenesCongresistas’, Directo Bogotá conversó con la congresista más joven de esta nueva legislatura, una bumanguesa que llegó por el movimiento Dignidad, de la coalición Centro Esperanza, con 22.623 votos.

Ilustración: Miguel Chavarro

“Treinta segundos y termina”, esas fueron las palabras del expresidente del Congreso Ernesto Macías a Jennifer Pedraza en 2018 después de que le apagara el micrófono a una de las líderes más notorias del movimiento estudiantil que por aquél entonces reclamaba más recursos para la educación pública. Cuatro años después, conversamos con ella en una de las oficinas del sexto piso del Edificio del Nuevo Congreso. Los treinta segundos que le dio el exsenador Macías se han extendido durante años en un reclamo puntual: educación pública, universal y digna.

Es economista de la Universidad Nacional, tiene 26 años y su forma de hacer política es un contrapunto con las formas tradicionales. Hablamos sobre su llegada al Congreso, algo que hace con una frescura que solo la libertad de la juventud puede otorgar. Inclinada en un sofá, con un piercing en su nariz, unos mechones de cabello blanco cayendo en su nuca y un blazer negro a juego con unas botas del mismo color, Jennifer confiesa con orgullo algo por lo que se le podría criticar: pese a haber llegado como representante a la Cámara por Bogotá, es hincha del Atlético Bucaramanga, equipo de su tierra natal.

Se ríe ante las preguntas existencialistas y se declara amante del reguetón, del perreo y también, cosa curiosa a su edad, de la maternidad. Fue una conversación que, contrario a los tiempos del Congreso, no se limitó a treinta segundos.

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¿Cómo jugó su edad en la elección?

Yo creo que en ambos sentidos, porque es verdad que la participación política de los jóvenes durante las últimas movilizaciones llamó la atención de la juventud en materia de participación política. Muchas personas decían “bueno, si no les gusta cómo está el país entonces láncense y participen en política”. Yo creo que eso es acertado. Es decir, no nos podemos seguir quedando por fuera de las decisiones políticas criticando a quienes toman esas decisiones porque al final, por el hecho de que nosotros no participemos, ellos no van a ceder su puesto. Nosotros también tenemos que llegar a los lugares donde se toman las decisiones a promover las agendas a favor de nuestros derechos.

En ese sentido creo que fue algo positivo, porque sí creo que era un clamor de mi generación. Por otro lado, hay gente que a veces no me dejan entrar al Congreso porque no parece que uno pueda ser representante a esta edad.  Estamos en esa lucha por hacerlo muy bien para mostrar que realmente tenemos todas las capacidades para hacerlo de la manera más rigurosa.

¿Su representación está enfocada en los jóvenes?

Nosotros sí tenemos una población objetivo que particularmente es la juventud y las mujeres. Dirigimos nuestras comunicaciones específicamente a ese sector no porque no nos parezca que los demás también son muy importantes, y hacemos esfuerzos para estar en Tik Tok, en Instagram y meternos en la cotidianidad de la juventud y politizarla. Creo que es algo en lo que toda nuestra generación ha avanzado mucho.

Antes, por ejemplo, yo era de las jóvenes que decían “no, qué mamera meterme en política”, todos los partidos políticos me caían mal. Si alguien llegaba a hablarme de votar y de elecciones, yo decía «todos son iguales, no quiero saber nada sobre ellos». Creo que tenía motivos porque es verdad que la clase política en Colombia ha sido de lo peor, pero progresivamente entendí que si uno no les disputa esos lugares de toma de decisiones, ellos felices van a seguir ahí, tomándolas siempre por nosotros.

Eso es fundamental, las nuevas formas de llegar a la gente a través de redes sociales. ¿Qué piensa de toda esta forma de hacer política?

A mí me parece que la política va cambiando de acuerdo con los métodos de comunicación. Es decir, no fue lo mismo la lucha, por ejemplo, del movimiento obrero antes de la imprenta a después de la imprenta. Nosotros tenemos que apropiarnos de todos esos espacios de comunicación para politizarlos y para hablar en el mismo lenguaje de la gente. 

Además, esto no ocurre solo en Colombia. Si nosotros vemos en América Latina lo que fue la movilización social en Chile, el paro nacional de Chile, el paro nacional de Ecuador en contra de las orientaciones del Fondo Monetario Internacional y acá en Colombia el estallido social, pues creo que muestran que hay una vocación de participación política de una nueva generación que va a implicar nuevos métodos de comunicación.

«Las cosas son un poco más profundas de lo que se pueden simplificar en 142 caracteres»

Aunque a veces parece que la política se queda en el show, como en un reality popular de likes… 

Yo creo que hay que tener mucho cuidado con eso. Es verdad que no se puede convertir exclusivamente en algo que te haga viral, porque a veces las cosas son un poco más profundas de lo que se pueden simplificar en 142 caracteres. Creo que nuestra gran tarea está en poder llegar a esos formatos sin perder la rigurosidad de los temas en los que más hay que educar.

Por ejemplo, acá nos reventamos la cabeza junto con Diego, que es el economista de nuestro equipo de trabajo, sobre cómo vamos a explicar de manera sencilla, sin abandonar la rigurosidad, qué implica una reforma tributaria. Creo que eso también es un trabajo de los congresistas, poder hacer esta agenda mucho más visible para la mayoría de la población sin perder rigor, porque si perdemos el rigor yo creo que ahí sí estaríamos volviendo a la política como un reality y la idea o la aspiración con nuestra curul es también contribuir a elevar los niveles de conciencia de la gente sobre los problemas principales del país y cómo poder resolverlos. Ese es un objetivo claro por el cual yo decidí lanzarme a la Cámara de Representantes, ganáramos o no ganáramos.

¿Qué le diría a un joven que quiera meterse en la política?

Yo le diría que luchar sí funciona. Cuando yo entré a la universidad mucha gente me decía para qué salimos a marchar si igual no sirve. Hoy yo creo que no es así. La historia nos ha demostrado que las calles y las movilizaciones sociales sí inciden en el legislativo, sí nos permiten defender nuestros derechos y también que votar diferente funciona. 

Lo más importante, quizás desde mi perspectiva, es la organización. Yo le diría a esa juventud que es muy importante que nos organicemos políticamente. Si no les gusta ningún partido, recojan firmas y funden uno. O eduquémonos un poco más, revisemos qué es lo que ha hecho cada partido, con cuál nos sentimos más identificados o identificadas, pero tenemos que tomarnos esa agenda política y dejar de verla como un espacio lejano a nosotros, porque la política sí se mete con nuestras vidas. Si les ponen impuestos a los tampones, a las toallas, se meten con nosotras. Luego tenemos que estar en esa discusión porque nos va a afectar en nuestras vidas, en nuestros sueños y nuestras aspiraciones.

Suele estar el imaginario que los jóvenes son de izquierda o no pueden ser de derecha. ¿Qué opina de esas construcciones imaginarias que se han hecho?

Yo creo que el Congreso prueba que la juventud es muy diversa, tiene diferentes orientaciones ideológicas, políticas y religiosas. Tanto es así que hay jóvenes de distintas orillas políticas hoy en el Congreso y eso me parece muy valioso. Creo que el hecho de que haya una participación juvenil histórica responde a la crisis política y social que particularmente se ha descargado sobre nosotros. Esta es una crisis objetiva que ha hecho que la juventud salga a las calles a decir “a mí me dijeron que si yo estudiaba y me graduaba iba a poder ir a una universidad, pero no estoy pudiendo, no estoy consiguiendo un trabajo digno o tengo trabajos que me explotan como en los callcenters en donde ni siquiera me pagan lo que deberían pagarme, atiendan mis demandas”. Eso es una realidad objetiva más allá de la orientación ideológica.

El 28 de abril del 2021, en el paro contra la reforma tributaria, salieron a marchar 7 millones de personas, la mayoría jóvenes, seguramente no todos de izquierda, sino que estaban sintiendo que sus derechos se estaban vulnerando y yo creo que eso era así por la culpa de los pésimos gobiernos que hemos tenido en estos últimos años. Creo que desconocer esa realidad objetiva no lo puede hacer ni siquiera la derecha. Y eso es lo que ha hecho que la juventud esté mucho más participativa y luchando.

De los congresistas con los que hemos conversado para este especial es la primera que dice que sí está orientada hacia las juventudes…

Yo lo intento, no sé si lo logro por lo que te digo de que la juventud es muy diversa. No hay una sola persona que pueda representar a toda la juventud, yo creo que represento a una fracción importante de esa juventud o, al menos, esa es mi aspiración e intención de poder recoger varias de esas causas y llevarlas a nuestra agenda política legislativa.

¿Cuál es esa apuesta para la fracción de la población joven que quiere representar en estos cuatro años?

La causa de mi vida ha sido la defensa de la educación pública como un derecho fundamental. Desde que yo era primípara en la universidad, el movimiento estudiantil siempre ha querido reformar tanto el Icetex, como los artículos 86 y 87 de la Ley 30. Esos artículos fueron los que les congelaron la plata a las universidades hace 30 años. Cumplimos este año 30 años de la ley 30 y nosotros ya radicamos un proyecto de ley para descongelar esos recursos y que nunca más se sigan cayendo los techos de las universidades públicas, que puedan ampliar la cobertura como realmente lo requieren, mejorar las condiciones de sus profes, implementar protocolos para atender y prevenir violencias basadas en género, entre muchas otras necesidades. Yo vengo del movimiento estudiantil y creo que es momento de que tenga también una voz en el Congreso de la República y ese proyecto nosotros ya lo erradicamos y lo vamos a defender dentro del Congreso y también en las calles de ser necesario.

«Me apasiona mucho venir acá a defender las causas en las que creo y me ha hecho feliz este trabajo, hacerlo bien y hacerlo con mucho rigor, creo que contribuimos, creo que apoyamos, obvio la vamos a embarrar, pero se trata también de aprender»

¿Cómo ha cambiado su vida el ser congresista?

Yo estoy haciendo un esfuerzo por intentar mantener un nivel de vida cercano al promedio de la gente. Para mí es muy importante eso, porque si llegas a ganar 37 millones de pesos al mes y te vienes en una camioneta por toda la Circunvalar al Congreso desde Chapinero hasta el centro Colombia, no tienes ninguna dificultad, mejor dicho, vas a empezar a decir que la docena de huevos vale 1800. Yo no quiero llegar a ese punto y estoy haciendo todos los esfuerzos porque eso es una convicción personal, no todo el mundo la tiene que compartir, pero así es como yo creo.

Nosotros de entrada estamos donando la mayor parte de nuestro salario a las causas que consideramos justas y estamos haciendo ese tipo de cosas porque creo que uno no debe desconectarse de las condiciones de vida de la gente. 

Y también hay muchas más lupas y ojos sobre uno, para bien y para mal. Pero pues eso es algo a lo que yo ya vengo acostumbrada por mi paso por el movimiento social.

Hoy puedo decir que estoy contenta. Me apasiona mucho venir acá a defender las causas en las que creo y me ha hecho feliz este trabajo, hacerlo bien y hacerlo con mucho rigor, creo que contribuimos, creo que apoyamos, obvio la vamos a embarrar, pero se trata también de aprender.

¿Y cuál es su mayor sueño actualmente después de haber logrado llegar al Congreso?

A mí me gustaría mucho ser profesora de la Universidad Nacional. Eso está en mis planes. Desde la academia, los movimientos sociales y la política electoral se puede contribuir a mi sueño, digamos macro, que es que un día Colombia pueda ser un país soberano, que tome sus propias decisiones en favor de lo que su gente necesita y sea mucho más democrático. Eso es lo que quisiera que algún día pasara y yo creo que, desde múltiples lugares, se puede aportar a ese sueño.

¿Qué le hace diferente a los demás políticos?

Que para mí ni la política ni el Congreso son un fin en sí mismo. Para mí esto es solamente un método, esto es un medio para hacer lo mismo que creo que se puede hacer en las calles o en la movilización social, que es lograr una transformación política. Ese es el lugar que a mí me corresponde en el Congreso, pero creo que desde múltiples lugares se puede lograr ese objetivo.

¿Qué le gustaría que la gente supiera de usted y que aún no sepan?

Quizás me gustaría explicar por qué para mí la educación es tan importante: en mi caso personal a mí me criaron con esta idea de «mijita, yo lo único que le voy a dejar en la vida es la educación», y entonces mi familia vivía en un barrio muy pobre, uno de los barrios más pobres de Bucaramanga, pero ellos hacían todos los esfuerzos para pagarme una educación muy gomela y eso me permitió ver mucho la diferencia entre lo que es la niñez en un barrio popular y lo que es la niñez, digamos, de las clases más altas. A mí eso me marcó toda la vida de ahí en adelante, porque mi camino personal y el de mis amigos del barrio divergieron solo por el hecho de que yo hubiera podido acceder a una educación distinta.

Creo que esa es la explicación real de por qué yo creo que la educación de calidad debería ser un derecho para todo el mundo, porque de entrada yo no era más inteligente que mis amigos del barrio, pero solo el hecho de estar en un contexto diferente, de que mi familia pensara de manera distinta y de que la educación fuera tan importante me marcó la vida y desde ahí estoy metida en todo este cuento. O sea, como desde que tenía 14 años, porque me molesta mucho la desigualdad, es como mi explicación personal de por qué creo lo que creo. Todos tenemos una historia de cómo llegamos a este cuento. Eso me gustaría contarlo.

También que soy fiestera, me encanta el reguetón, me encanta el perreo. Yo defiendo que las mujeres feministas bailemos, creo que eso es importante para el cambio porque venimos de muchas generaciones que pretenden que los políticos sean completamente acartonados, que dejen de ser las personas que eran, todo el mundo con traje todo el tiempo… Yo no quiero tampoco perder lo que lo hace a uno.

«A mí me criaron con esta idea de «mijita, yo lo único que le voy a dejar en la vida es la educación»«

¿Y sigue hablando con sus amigos de la infancia, de la juventud?

No he podido hablar casi con ellos, pero ya son mujeres que tienen cuatro hijos. Cada vez que intento escucharlos y entender sus perspectivas, ven esto muy ajeno. Creo que la mayoría de ellos solo votaron a presidencia, por ejemplo. Igual como yo iba por Bogotá tampoco podían votar por mí, seguro hubieran votado solo porque somos amigos. Todavía hay un trabajo fuerte que hacer ahí.

¿Y cómo espera que la recuerden después de estos cuatro años?

Estas preguntas están muy existencialistas (risas). Esperaría que me recuerden como una luchadora. Creo que esa es la palabra que yo quisiera. Que cuando alguien piense en un futuro en Jennifer, diga «esta vieja luchó mucho por esto, por esto, y por esto, que vino de las marchas y siguió defendiendo lo mismo que pensaba en el Congreso». Hasta donde esas causas me lleven es lo que yo espero de mi vida.

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Es un proyecto de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, dedicado al periodismo digital, la producción audiovisual y las narrativas interactivas y transmedia