La Arena Naranja

Pablo Bedoya S. – [email protected]

La Arena Movistar está próxima a cumplir su primer año de funcionamiento. Desde su inauguración, el centro de eventos de la capital ha sido un caballito de batalla de la Economía Naranja del gobierno Duque.

FOTO: Fachada Movistar Arena

Durante el último semestre de 2018 la Arena Movistar recibió más de 12 eventos, y para este año ya tiene 25 programados. El anteriormente llamado Coliseo el Campín se convirtió en la meca para la realización de grandes proyectos que llegan a la capital. Debido a la amplia variedad de espectáculos (conciertos de cualquier género, charlas, teatro, etc.) y por haber sido una Alianza público-privada (APP), la Arena es vista como el modelo ‘Naranja’ hecho realidad.

Para la creación de la Arena, en el viejo Coliseo El Campín, se invirtieron $80.000 millones, y a pesar de ser administrado por el Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte (IDRD) la operación está a cargo de Movistar (Telefónica) y la boletería es exclusiva de TuBoleta. Esta ‘exclusividad’ continuará durante 20 años debido a la APP. Entonces surge la pregunta, ¿qué tan democrática es la economía naranja?. En palabras de Iván Duque: “Bogotá es naranja gracias a la amplia y variada programación de eventos de cine, teatro, conciertos, jazz, y otra serie de espectáculos que encierran actividades culturales”.

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Si vemos la programación de lo que nos queda de este año, la afirmación del presidente sería correcta. La última semana de agosto, la Arena recibió a los luchadores de la WWE, una semana después, el 5 de septiembre, a Chayanne, a los tres días será el turno para 20 humoristas y a la vuelta de la esquina estará el violinista André Rieu y su orquesta Johann Strauss. La variedad es clara, pero ¿qué tan abiertas están las puertas a eventos ajenos a los operadores del lugar?. Tengamos en cuenta que el alquiler del lugar es cercano a los $140 millones de pesos; solamente superado por los $500 millones que cuesta el estadio El Campín.

Es innegable que en la moderna Arena, Bogotá ha recibido eventos de grandes ligas que prácticamente agotan los 14.000 lugares del recinto. Ya que en la capital se genera el 50% de los ingresos ‘naranjas’ del país, se podría decir que el nuevo espacio cultural es rentable para el modelo económico impulsado por Duque. Pero es necesario, tirar unos tomates entre tanta naranja.

La Arena se convirtió en un centro netamente consumista. Para la mayoría de los eventos los precios de la boletería son prácticamente impagables para las clases populares y tampoco ha surgido una campaña del IDRD para promover eventos para que todos puedan disfrutar este nuevo espacio.

Intenté comunicarme con el IDRD para obtener una respuesta de por qué la Arena no abre sus puertas a eventos para la comunidad, pero no fue posible recibir una respuesta. Tal vez porque es difícil admitir los detalles de la penosa APP: en el acuerdo entre el distrito y Telefónica, el IDRD solo tiene derecho de usar el recinto para un evento al mes. Esto explica los pocos que hay para la ciudadanía en relación a la cantidad de espacios que ofrece el nuevo edificio.

¿Qué tan viable es la economía naranja para los jóvenes colombianos?

Como si esto no fuera lo suficientemente indignante, hablemos de números. Según los cálculos realizados por Colombiana de Escenarios, la Arena Movistar en 23 años habrá recaudado por acceso a eventos $358.693 millones (sin tener en cuenta ingresos por ventas en el comercio dentro del lugar). De estos ingresos, el IDRD solo recibiría $8.598 millones debido a que por contrato la repartición de ganancias es de 98 % para el privado y 2 % para el distrito.

La Economía Naranja llegó y se sumó a la Ley de Espectáculos que, desde 2012, ha logrado recaudar más de $111 mil millones. Dinero con el cual se han beneficiado 133 escenarios en las diferentes ciudades del país. Pero ¿a quién se beneficia? ¿A empresas privadas como Telefónica que explotan la cultura dejando por fuera a aquellos que no pueden pagarla? Porque no he visto la inauguración de un gran centro de eventos al sur de la ciudad, y no hablo de salones comunales o espacios que terminen siendo lugares para reuniones políticas. Habrá que recordarle a los entusiastas promotores de esta política cultural, que ‘la naranja’ debe ser para todos, no solo para la industria.

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